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sábado, 3 de noviembre de 2012

54 edición/Salón de Octubre 2012



54 edición/Salón de Octubre 2012
Independencia de Guayaquil-Ecuador
CASA DE LA CULTURA ECUATORIANA
NÚCLEO DEL GUAYAS

TÍTULO DE LA OBRA: Si estoy en vida y me sepulta la pintura, es como estar muerto… (César Guale Vera, Primera Mención de Honor)"


 
LA CRÍTICA COMO ARTE
*Por Lic. Rubén Rojas Rendón

O COMO DIRIA YO: “El avispón negro que se hizo el muerto y se paseó en la maraña cultural: lere, lere…”

…No llamó a nadie y no contestaba el teléfono.  El grupo colectivo se reunía y Cesar Guale faltaba. Nos preguntábamos: ¿Qué estará haciendo y qué irá a escribir...? César llama el penúltimo día para decir que no alcanzó a pintar y no presentará su obra al concurso. Aparece el último día de inscripción al Salón ojerudo y estresado con un dibujo. ¡Sorpresa!

     Los días pasaban, y William Martínez increpa a Rubén Rojas que quiere denunciar los atropellos en la admisión en los salones… A estas alturas ya está todo definido. Hagamos vigilia todos estos días con velas en la casa de la Cultura para ver quiénes, que no corresponde, son los que entran a decidir la admisión…William dice: ¡No! Hagas nada, deja no más… Tres días después Rojas se manifiesta en facebook y asume el riesgo. ¿Habrá cambiado la historia a favor o en contra…? 

     Luego se duerme y tiene una pesadilla: Rojas; es decir yo, aparece repentinamente a las puertas en una selva, a la entrada hay un letrero que dice: “Proyectos de Restauración en Paisajes Urbanos”. Ya adentro se escuchan gritos como de alguien desquiciado que grita con la boca abierta sin sentido alguno… Más allá se escucha el movimiento de una silla que se hamaquea…, sólo alcance a escuchar la voz de un niño como poseído; y, al parecer, en una silla.

     El sueño es a “blanco y negro” como el cuadro que alcanzo a ver, con la pequeña luz amarilla en un candelabro parecido al que tiene la mujer en el monumento al 9 de Octubre, que me guía y dice: “Lo biodegradable”. Bienvenidos al mundo “arte-degradante”: Es de noche como en la bodega donde se guardan los cuadros antes de su inauguración, el ambiente parece como una selva fría y tenebrosa, se escucha el zumbido de un avispón que se pasea, no tengo miedo; pero mido cada paso; y, tengo la sensación que va a pasar algo peor de lo que ya había visto…, se me aparece un duende horrible, tan feamente pintado como los espíritus rebeldes sin causa…, desagradable, y casi vomito.

     De pronto, el sonido del avispón ronda por mi cabeza como si se tomase prestado mis pensamientos y mis palabras… Sigo caminando hacia la luz amarilla en tanto se escucha el sonido más terrorífico de la noche, era indescriptible: ni agudo, ni grave, ni alto, ni bajo, era como de ultratumba… Olía a sangre, a carbón y azufre… por todas partes, y cuando, al parecer, la voz de ultratumba parece atraparme… ¡Hey! ¡Que susto…! ¡Me hacen asustar! Eran William Martínez, Mario Morán y Wilson Quichimbo que aparecen.

     ¿Y César dónde está? ¡No sabemos! Ese men no llama, ni contesta. Nos invade un silencio…, y nos asalta el sonido del avispón, una y otra vez sobrevuela el campo minado. ¡Cuidado muchachos! Miren cada paso! Cada uno de nosotros cargábamos en el brazo nuestros cuadros que lo íbamos a inscribir al Salón de pintura. Ya dentro del Salón nos invade una sensación de escepticismo, se escuchan voces extrañas, voces conocidas; pero, no las distinguimos… Son tan lejanas y tan cercanas; tan conocidas y al mismo tiempo desconfiados… El ambiente era rojizo y oscuro que no nos permitía ver quién es quién; y, al entregar las obras nos enredamos en una maraña de telaraña. ¡Oh no! Dice el uno; ¡chdm grita William, etc., etc. Habíamos caído en una maraña con nuestras obras de arte…! ¡Estamos perdidos! ¡Que hacemos! Y, de pronto, aparece una araña ¡horrible! ¡Terrorífica! ¡Espeluznante! Todos corrimos y se quedaron nuestros cuadros…! 


     Rojas dice: yo regreso a ver mi cuadro y enfrentaré a la araña porque no creo en los procesos… ¡Oye! ¡Deja ya eso y vámonos! ¡Corre! ¡Corre! Que ahí viene la araña del sistema… ¡Corran! ¡Corran! ¡No, no, no! Eso es lo que siempre han hecho los artistas…, correr y correr; y, desaparecer del circuito… Chuta! ya no hablemos…, sometámonos…, ya tengo miedo. ¡No, no, no! No tengan miedo…, es solo una araña… ¡No, no, no! corramos que nos va a matar con su veneno; y, cuando parecía que nos atrapaba se escucha el sonido más terrorífico de la noche…

     Era indescriptible: ni agudo, ni grave, ni alto; ni bajo, era como de ultratumba… Olía a sangre, olía a pintura sobre tela; olía a rojo, azul, amarillo, blanco y negro… Era como un monstruo que se reía a carcajadas, y al mismo tiempo que reía, también  lloraba; al mismo tiempo que lloraba, también  gritaba, al mismo tiempo que gritaba, se postraba, al parecer, como en un ascensor, de líneas blancas,  que bajaría al infierno… Su voz tintineaba como de tener la cabeza atrapada en una jaula…, se olía también como dos galones de pinturas: uno al color rojo y el otro al color azul con la sensación de estar a las puertas del infierno del mismo artista, los artistas, desterrados, destruidos y vilipendiados.

     También su grito daba la sensación de tener la “cabeza cerrada”, como corto de ideas y no abierto al mundo… ¡cerrado! ¿Quién será este personaje…? Como fuera y al mismo tiempo dentro de este mundo… Cuando escorza el grito más abismal que hayamos escuchado, cosa que ahora sí corrimos y nos fuimos de la selva. Acontece un silencio sepulcral…, y Rojas, aún fuera de la selva estaba dentro del sueño, alcanza a ver que el avispón; que merodea por allí, es negro y de rayas amarillas por la pequeña luz que todavía estaba ahí, también alcanza a ver una gran telaraña como metálica donde están nuestros cuadros enmarañados; pues, la araña monstruosa los había retenido.

     Sonaba y sonaba el rugir de las alas del “avispón negro” como dolido y cansado, su movimiento era errático como que había hecho bastante con sus alas y no había alcanzado la gloria… Se lo veía tan débil y cansado que era como que ya no daba más y que iba a tirar la toalla. ¡Sucede que ya no da más, y se posa en una esquina de la maraña, y dio su último aliento.  Parecía que había muerto… ¡Acaece un silencio! Y aparece la araña que se acerca sigilosamente para atrapar al avispón negro, era espeluznante, y olía a muerte, a incienso, a quemado.

     Al parecer, llevaba consigo el pecado de la muerte de muchos artistas: sueños desechos, carreras bloqueadas y destruidas… Muchos se retiraron para no ser más lo que querían ser…, más fueron otra cosa…, soñando ser lo que el sistema no le dejo ser. Luego pasó un búho bien presentable, olía a perfume caro: yo quise ser artista en esta selva, y me dedique a otra cosa…, y me fue bien, pero sacrifique un sueño… Había estudiado en el colegio de bellas artes de esta selva, y no fue más lo que aprendió. Luego aparece un ruiseñor marchito…, y dijo que se había retirado del arte de la selva aún siendo lo mejor que sabía hacer se dedicó a otra cosa…; y, en eso tampoco le fue bien…

     La araña se acercaba más y más…, percibe al avispón como estratégico, observa si su color es verdadero, no lo huele…, no lo mastica; no lo traga…, no lo enmaraña. Es tan brillante su semblanza y el brillo de su color negro y las rallas amarillas luminosas; y, al mismo tiempo tan oscuro, tan enigmático como legible, tan claro como oscuro, que la araña le cree o se deja engañar y retrocede, dejándolo ver y que lo “Mencionen”… los hilos del tejido cultural.

     El avispón se levanta, recupera sus fuerzas, la araña se ausenta dejando dicho sus desenfados y sus requerimientos… El avispón negro cree que le ha ganado a la araña…mas ella lo deja colgado por un lapso de tiempo. EL avispón recibe sus vientos, sus brizas y sus aplausos pero queda con hambre…, y no podrá moverse por un tiempo. Pero en realidad había engañado a la araña pues se vistió del color de la araña… pero, no era de ese color el avispón; y, más bien, cometida su empresa, se saca el traje de avispón, y es Guale que canta en la selva fría y tenebrosa de la maraña cultural: lere, lere soy yo. 
    
     …Sobreviene un silencio abismal, y una vez más se escucha el sonido más terrorífico de la noche… Era indescriptible: ni agudo, ni grave, ni alto, ni bajo, era como de ultratumba… había sangre por todas partes…como sombras en la oscuridad…, y ya queriendo salir del sueño; mas bien, siento la sensación de que por lo soñado, una vez despierto se me acerquen a… Y, ¡Hey!... ¡Que susto!  ¡Desperté con  el verdadero rayo de luz del sol que entra por la ventana, y ya era 5 de octubre. !  

Rubén Rojas Rendón 8-10-2012

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